Domingo XXVI del Tiempo Ordinario Ciclo B:El que no está contra nosotros está a favor nuestro (Mc 9,38-48)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Números 11,25-29

  “Ojalá todo el pueblo recibiera el espíritu del Señor”                       

   Salmo : 18
  “La ley del Señor es perfecta”

2ªLectura:    Santiago 5,1-6

  “Vuestro oro y vuestra plata están oxidados”

Evangelio:  Marcos 9,38-48
   
“Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños…”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Dios actúa fuera de los estrechos límites que marcamos nosotros, como el grupo de los discípulos.  Esta experiencia también es descrita por el libro de los Números (1ª lectura) “Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor”. Junto a este principio fundamental, la Palabra de Dios de hoy contiene exigencias personales: arrancar del corazón humano toda sombra de pecado. A esta exigencia de expresada por Jesús, se constata lo manifestado en la carta de Santiago, vivir siendo consciente de la proximidad del Reino, Y es que el Reino de Dios no se agota y termina en la Iglesia.
    El evangelio de hoy nos devuelve al camino hacia Jerusalén. Jesús ya ha anunciado, por segunda vez, su pasión, razón por la que instruye a los suyos en diversos temas. El texto evangélico presenta dos partes.  
     La primera de ellas el diálogo entre Juan y Jesús, contiene una enseñanza muy concreta: apoyar a quienes defienden lo bueno, la dignidad humana, aunque no pertenezcan a nuestro “grupo”. Es una llamada a la tolerancia, que no significa relativismo. La situación es muy concreta. Juan comenta que ha encontrado a uno que en nombre de Jesús echaba demonios, y se lo han querido impedir. Era muy común en la época.  Era muy normal en la época, cuando hacían curaciones, invocar algún nombre milagroso. Por eso, algunos que conocían la fama de Jesús, lo hacían a pesar de no ser discípulo. Con la prohibición de esta práctica, los discípulos pretenden que nadie “usurpe” el nombre de Jesús. En el fondo de esta prohibición está el temor a perder “el poder y el honor social que reciben de su Maestro. Jesús les instruye en el siguiente sentido diciéndoles que el bien y la verdad existen también fuera del propio grupo. La razón es bien sencilla: es una clara manifestación del poder mesiánico de Jesús con el que el reino de Dios va creciendo en la historia como un pequeño grano de mostaza.
     En la segunda parte de este texto, se abordan dos temas nuevos en la instrucción del Jesús: el escándalo y el pecado. Se trata de un lenguaje duro, de una severa advertencia. El escándalo se ha de entender como una trampa u obstáculo que hace caer al que no ve con claridad, al que es débil. Con la expresión “los pequeños que creen” se está refiriendo a un amplio grupo de situaciones personales: a los menos privilegiados por razones económicas, por falta o escasa importancia en el grupo, por ser de reciente incorporación a la Iglesia, o bien por tener una fe titubeante. Se trata de eliminar en su raíz el escándalo de los “fuertes” de la comunidad. Y esto hasta el extremo de, aunque algo sea lícito para ellos, si es piedra de tropiezo para los más pequeños, debe eliminarse.
     Al final del texto Jesús invita a los discípulos maduros a controlar con sumo cuidado su comportamiento social. Para ello hace referencia a varias partes del cuerpo que pueden conducir al pecado, en alusión al Antiguo Testamento, donde le pie y la pierna simbolizaban el dominio sobre alguien, y los ojos como ambición desmedida. Todo ello lo hace en un esquema que se repite por tres veces: órgano-arrancar-vida/Reino. Con ello se quiere resaltar que lo más importante es la vida, el reino de Dios. Por tanto, cualquier cosa que impida alcanzar la vida debe ser arrancada. No se trata de un desprecio del cuerpo, sino de una llamada a despreciar todo lo que impida vivir con dignidad, es decir, el pecado. Se trata de una norma de vida para el “más acá”, no para el “más allá”, aunque utilice las metáforas del fuego, o el olor a azufre.
     Como conclusión, hemos de manifestar que la Iglesia no vive para sí misma, ni se cierra ciegamente delante del bien y la verdad que aparecen fuera de sus fronteras. La iglesia existe para servir al reino, para irradiar y secundar la acción del “nombre de Jesús” como fuente de vida para todos los hombres, en todo tiempo y en todo lugar. Esta Iglesia, a la que pertenecemos todos, la esencial norma de vida es servicio, como muy bien recuerda el Papa Francisco :  un creyente que no esté dispuesto a servir, no sirve para nada. Y, todo esto, comenzando por la propia conversión personal, arrancando el pecado y el mal de mi vida.
    


 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  

  • El evangelio nos ha mostrado la fe de un hombre convertida en compromiso. ¿Reduzco mi fe al ámbito privado, o por el contrario la siento, vivo y expreso como compromiso hacia los demás?
  •     El Reino de Dios crece y se abre camino con las palabras y acciones del Señor y, al mismo tiempo, es arrancado todo lo que esclaviza al ser humano (enfermedad, muerte, demonios, …) ¿qué estamos para eliminar las esclavitudes que obstaculizan el crecimiento del Reino de Dios?
  • ¿Qué actitudes me invita a adoptar el texto?




























     

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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