Domingo XIV del Tiempo Ordinario Ciclo B: “Un profeta sólo es despreciado en su tierra” (Mc 6,1-6)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Ezequiel 2,2-5

  “Te envío a un pueblo rebelde”                     

   Salmo :  122
  “Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia”

2ªLectura:  2ª Corintios 12,7-10

  “Te basta mi gracia”

Evangelio:  Marcos 6,1-6
  
“Un profeta sólo es despreciado en su tierra”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

 



 

   

         

    


     La Palabra de Dios nos viene a confirmar que, donde hay rechazo e incomprensión, está garantizada la autenticidad profética. Por tanto, habrá que pensar como Pablo: “te basta mi gracia”. Ya no hay excusas para abandonar la misión por la incomprensión, el peligro y el riesgo. Tenemos la certeza de estar marcados por la fuerza y gracia de Cristo, y de eso depende la credibilidad del mensaje.
    Ya hemos visto, a lo largo de estos domingos, como Jesús manifestaba la soberanía de Dios y su presencia en la historia, a través de parábolas y signos. Hoy se presenta el rechazo del mensaje, por paisanos y parientes, con una actitud más propia de los fariseos. El escándalo que causa el profeta y su palabra, viene al anunciarse en medio de una sociedad empeñada en llevar adelante un proyecto alternativo al reino de Dios. La vida y el mensaje de los profetas fueron y serán siempre incómodos y objeto de rechazo de parte del mundo.
    Jesús llega a su pueblo, y en vez de ser recibido como a alguien que es conocido, por ser cercano, es recibido con incredulidad.  Formulan preguntas“¿de dónde le viene a éste todo esto?, ¿quién le ha dado esta sabiduría  y estos portentos  de sus manos?” (v. 2). El problema es el origen, el de dónde viene todo esto. No lo saben y, precisamente, este “no saber” se convierte en ellos en incredulidad.
    Sus paisanos no sólo se están cuestionando la vida y milagros de Jesús, sino algo mucho más serio: la propia identidad de Jesús ante la que han de tomar una postura. Fue rechazado porque resultaba incómodo. Removió desde el fondo los pillares sobre los que se asentaba la vida del ser humano. En lo religioso cambió la imagen de Dios usual hasta ese momento, diciendo actuar en su nombre (mc2,1-12). En lo social no respetaba las normas establecidas que tenían carácter de ley (Mc 2,15-17). En lo familiar deja su casa, no sigue el oficio de su padre, y habla de una familia con lazos más fuertes que los de sangre (Mc3,31-35). En lo político rehusó ponerswe4 del lado de los explotadores (Mc 10,35-44). Y en lo económico avisó del peligro de las riquezas que toman las riendas del corazón humano (Mc10,17-25).
    El escándalo, cuando se produce, tiende a buscar fórmulas conservadoras y conocidas, optándose por la seguridad frente a los novedosos y arriesgados caminos del Reino. Ante esta actitud, Jesús les recuerda los viejos refranes: “Ningún profeta es respetado en su tierra, ningún médico hace curaciones entre sus conocidos”. Por eso, siguiendo en la misma línea de capítulos y pasajes anteriores, donde se subrayaba la importancia de la fe, el evangelista comenta que no pudo hacer allí ningún milagro, quedando Jesús sorprendido ante la falta de fe de sus paisanos. En el evangelio de Marcos hay una estrecha relación entre fe y milagro. La fe es la llave que permite mantenernos abiertos a la salvación que Dios nos ofrece.
    Al narrar el rechazo sufrido por Jesús, Marcos quiere hacerle ver a su comunidad lo siguiente: si el Maestro ha sido rechazado en su pueblo, sus seguidores no pueden esperar un trato mejor. Es decir, es una llamada a no desanimarse ante las contrariedades que lleva aneja la evangelización. En una palabra, es mostrar coraje frente a la indiferencia, que es la nueva forma de increencia, muy metida en nuestro mundo y sociedad. La indiferencia delante de la Palabra es una tentación de todos, no sólo de los incrédulos. Es una dramática enfermedad que nos puede atacar, haciendo que nuestro corazón se vuelva duro y nuestra conducta estéril.

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  • Jesús se sorprendía ante la falta de fe de sus paisanos. En nuestra vida de fe ¿de qué se sorprendería hoy Jesús?
  • En el pasaje, los paisanos de Jesús no reconocen a Dios en lo conocido y habitual, en “el hijo del carpintero” ¿Qué excusas ponemos nosotros para no creer en él?
  • La familia, parientes y amigos de Jesús prefirieron no comprometerse con el mensaje y milagros del “hijo de María” ¿Y nosotros? ¿A qué nos compromete el evangelio de hoy?
  • He podido experimentar lo que es el rechazo por ser fiel a los valores del Reino ¿Cómo he reaccionado?





















     

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