Domingo V de Pascua Ciclo B: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos"
(Jn 15,1-8)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Hechos 9,26-31

  “Saulo predicaba con valentía el nombre del Señor”                       

   Salmo : 21
  “El Señor es mi alabanza en la gran asamblea”

2ªLectura:  1 Juan 3,18-24

  “Éste es mi mandamiento: que creamos y nos amemos”

Evangelio:  Juan 15,1-8
   
  “El que permanece en mí y yo en él ese da fruto abundante”

   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Cuando decimos Pascua, estamos hablando paso del Señor, de una transformación profunda de la existencia. Jesús pasa a una existencia transfigurada, gloriosa, y esta llamada es común para todos los creyentes. De esta realidad transformante nos habla Pablo, contando cómo pasó de perseguidor a Apóstol.
     La alegoría del buen pastor, que veíamos el domingo pasado, y la de éste, la vid y los sarmientos, el evangelio de Juan presenta el modo de relacionarse Jesús Resucitado con sus discípulos, de una manera cercan, personal e íntima.  Es una evocación del símbolo bíblico de Israel como viña de Yahvéh,  y de algún modo expresa el misterio de la Iglesia y de todo creyente. Así seremos   sarmientos vivos y fructíferos, en la medida en que vivamos adheridos existencialmente por la fe y el amor a Cristo, “vid verdadera”. Para Juan la vida cristiana se define como un “permanecer” en Cristo. Esta es la única condición  para que la fe tenga sentido y pueda dar frutos.
    El pasaje de este domingo y el del próximo forman parte del llamado “discurso de despedida” del evangelio de Juan (Jn 13-17). Se puede considerar el testamento espiritual, donde los dos discursos resumen las enseñanzas de Jesús, ofreciendo pistas a los seguidores para cuando falte el Maestro.
     En el Antiguo Testamento la viña era símbolo de Israel, y los profetas hablan del  amor y cuidado de Yavé con la viña, pera los resultados eran estériles porque Israel no era fiel a la alianza (Is5,1-7). Ahora Jesús se presenta como “vid verdadera”, es decir, en quien Dios restablece su alianza. El es la vid verdadera y,  los sarmientos, unidos a él, representan a los discípulos que han creído en él. La vid y los sarmientos, por tanto, son un símbolo de la Iglesia, de Jesús y los suyos: el nuevo y verdadero pueblo de Dios que nace y vive de la Palabra y del Espíritu recibidos de Jesús.
    En esta relación la iniciativa es de Dios, “mi Padre es el viñador” (v-1), pues como en el A.T. el padre la ha plantado y la sigue cuidando. Los cuidados amorosos consisten en: “cortar los sarmientos que no dan fruto, y a todo el que da fruto lo poda para q    ue de más fruto” (v-2). Los que son cortados, los que no dan fruto, son aquellos que, perteneciendo a la comunidad cristiana, no responden con sus obras a la vida divina comunicada por Cristo. Es decir, están llamados a desaparecer. Sin embargo, los otros, los que dan fruto, son podados para que den más fruto. Se trata de la pedagogía divina, muchas veces incomprendida por los humanos, que no busca el hacer sufrir, sino el crecer y madurar en el amor. Por eso será necesaria una acción de Dios capaz de liberar al hombre de todo aquello que se oponga o impida el desarrollo del amor que viene del Espíritu para el crecimiento espiritual de cada creyente y de la Iglesia. No obstante, ya se ha producido una primera limpieza o poda, “vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado” (v-3). Ésta ocurrió en el momento de la conversión inicial, cuando el hombre decidió adherirse a Cristo. Al ser el seguimiento, la “permanencia en él”, un camino y proceso largo, que nos ocupará toda la vida, serán necesarias periódicas “podas” para conseguir la comunión plena con Cristo en el amor.
     Se habla de “permanecer, dar fruto”. Ambos objetivos pertenecen a la misma esencia de ser discípulo: El que permanece unido a Cristo, de él bebe y se alimenta, y por tanto da el fruto del que se ha alimentado. El fruto es el compromiso concreto en el amor, es la manifestación exterior de una experiencia interior que busca comunicarse de forma espontánea. Yo diría, sale sola.
     Jesús invita a sus discípulos a revisar y renovar constantemente su adhesión a él, para poder dar fruto. El sarmiento no tiene autonomía, por lo que solo es incapaz de dar fruto, necesitando la savia de la vid, Esa savia es el dinamismo de la Palabra y del Espíritu comunicado por Jesús
El texto concluye con estas palabras: “si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis” (v-7). Al final se  hace referencia al Padre, y a su gloria. En el Antiguo Testamento, la gloria de Dios venía y se manifestaba cuando actuaba poderosamente en favor de su pueblo. Jesús, en el evangelio de Juan, con sus obras ha mostrado la gloria del Padre. Ahora, la gloria del Padre tiene otro sentido. Dios muestra su gloria sobre todo a través de las obras de los discípulos de Jesús, que en comunión con él, la Vid verdadera, y dóciles al Espíritu, aman sin límite y sin condiciones, generando vida y amor en favor de los demás. Es decir, somos instrumentos en manos de Dios.



 

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •     El texto habla de permanecer y dar fruto ¿cómo entiendo yo estos términos? ¿Cómo me invita a crecer en la fe?
  • ¿Qué dificultades tengo para estar unido a Él? ¿De dónde recibo la savia necesaria para ser sarmiento de Jesús?
  • ¿Qué frutos me siento llamado a dar en este momento y la situación concreta de la Iglesia y del mundo?



















     

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