Domingo V de Cuaresma Ciclo B: “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”
 (Jn 12,20-33)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Jeremías 31,31.-34

   “Escribiré mi ley en su corazón”                 

   Salmo :  50
   “Oh Dios, crea en mí un corazón puro”

2ªLectura:    Hebreos 5,7-9

  “Porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento”

Evangelio:  Juan 12, 20-33
   
 
   “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto”

 

 

PALABRA DE VIDA

     A través de la Alianza se fijan y expresan las relaciones entre Dios y los hombres. En la Biblia, Alianza es sinónimo de salvación de Dios para su pueblo, a la vez que un recordatorio de las constantes infidelidades del pueblo con su Dios. Jeremías nos anuncia una alianza nueva que no podrá romperse, quedando los términos y condiciones inscritos en el corazón humano. Dios Salvador se aproxima al hombre para sellar una alianza definitiva, haciéndolo en Jesucristo por caminos inusuales: servicio, sufrimiento y la obediencia por amor que engendran, en la cruz, frutos de vida eterna.
    El evangelio de Juan hace referencia a dos tiempos. El tiempo de Jesús, y el tiempo de la comunidad de Juan. El cristianismo nació como un fenómeno judío y para judíos, aunque después se abre al mundo griego y pagano. Así, en esa misión, Felipe y Andrés, discípulos con nombres griegos, se convertirán en dos instrumentos de evangelización en este nuevo mundo, actuando de enlace entre los griegos y Jesús, comunicando los deseos de aquéllos. La respuesta de Jesús desconcierta: “Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado”. Jesús está hablando de su pasión, muerte y resurrección, y lo hace con dos términos muy usados en el evangelio: la “hora” y la “glorificación”. Siente próxima esa hora, la de la cruz. Será entonces cuando el mensaje salvífico alcance a todos los rincones de la tierra, cuando el mundo griego y el mundo pagano en general verán a Jesús.     Idéntico sentido tiene la metáfora del grano de trigo, que acentúa la idea de la muerte para dar fruto.
     Jesús, aplica a la vida del discípulo lo que dice de si mismo. Es decir, el discípulo, el creyente, ha de vivir como el Maestro, desde el servicio y el seguimiento más radical, sabiendo que correrá la misma suerte. El recuerdo de este camino, sitúa a Jesús en un abatimiento momentáneo, como en Getsemaní. No obstante, al descubrirlo como voluntad del padre, asume este destino.
    La voz del cielo habla de glorificación, término que antes ha aparecido y que está muy relacionada con la “hora”. En la cruz se expresa el triunfo definitivo de Jesús, el momento de su mayor gloria, porque en la cruz está presente la “elevación”, como veíamos el domingo pasado. Así, para Juan el Crucificado es a la vez el Resucitado.
     El domingo pasado escuchábamos que "lo mismo que Moisés elevó la serpiente, así tiene que ser elevado el HIjo del Hombre". Esta imagen es recogida explícitamente al final del texto de hoy: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (v. 32). El comentario final del autor disipa toda duda sobre el sentido de la imagen: "Esto lo decía significando (dando a entender) la muerte de que iba a morir" (v. 33). El autor emplea el verbo "significar". La referencia al signo por el que los judíos preguntaban a Jesús hace dos domingos es indudable: "¿Qué signo nos muestras para obrar así?" (Jn. 2, 18). El signo era el siguiente: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Jn. 2, 19). También entonces el comentario del autor disipaba toda duda sobre el sentido del signo: "El hablaba del templo de su cuerpo" (Jn.2, 21).
     La muerte de Jesús en cruz es, pues, el punto de mira del texto de hoy. De ella se habla empleando un símbolo espacial: elevación sobre la tierra. Y de ella se habla también empleando un símbolo agrícola: proceso de germinación de la simiente. Esta muerte es interpretada como triunfo, como glorificación de Jesús y del Padre que lo ha enviado. Una vez más aflora espontánea la referencia intertextual: "Cuando elevéis al Hijo del Hombre, entonces comprenderéis que yo soy y que no hago nada por mí, sino que esto que digo me lo ha enseñado el Padre. Además, el que me envió está conmigo; nunca me ha dejado solo" (Jn. 8, 28-29). El texto de hoy quiere ser también reflejo de la comunión Hijo-Padre. Esta comunión puede, sin embargo, pasar desapercibida dentro del recinto (v.29). Desde fuera del recinto, en cambio, unos griegos han venido a ver a Jesús. Ellos son las otras ovejas que vienen a escuchar la voz del pastor Jesús. Desde este momento la muerte de Jesús en cruz es el triunfo, la glorificación del Hijo y del Padre. Un orden de cosas tan viejo como el mundo está siendo juzgado y condenado. El diablo, separador de hermanos (Caín contra Abel), "homicida desde el principio" (Jn. 8, 44), no tiene ya nada que hacer. Con Jesús levantado en alto empieza a dominar el sentido humano de la fraternidad.
     El texto adquiere su plena riqueza de sentido cuando es leído desde las múltiples referencias intertextuales con que está tejido. El autor concibe la muerte de Jesús en la cruz como generadora de la fraternidad rota desde que el mundo es mundo. El recinto no es sólo Israel, sino el mundo todo, de forma que ya no existe más que un solo rebaño con un solo pastor. Los griegos, pudiendo ver a Jesús, funcionan en calidad de símbolo de este nuevo orden de cosas que nace de la cruz. Por eso la cruz puede ser presentada por el autor del cuarto Evangelio como triunfo y glorificación.
    
  

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •    Jesús en el evangelio de hoy ora ¿en qué se parece mi oración a la de Jesús?
  • Querían ver a Jesús. Quienes nos rodean ¿anhelan ver a Jesús? Antes de colocarnos nosotros como protagonistas, ¿lo hablamos con Jesús, se lo hacemos saber a él para que sea el centro?
  • Deberíamos tener como norma de vida la del grano de trigo. ¿Cómo somos en nuestro estilo de vida cristiano “grano de trigo que muere”?
















     

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