Domingo IV de Cuaresma Ciclo B: "Todo el que cree en él tiene vida eterna" (Jn 3,14-21)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  2 Crónicas 36,14-16.19-23

   “Todos pecaron sin cesar”               

   Salmo :  136
   “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de tí”

2ªLectura:     Efesios 2,4-10

  “Nos volvió a la vida junto con Cristo”

Evangelio:  Juan 3,14-21
   
 
  “Dios envío a su Hijo al mundo para salvarlo por medio de él”

 

 

PALABRA DE VIDA

     La historia de Dios con el hombre siempre ha sido una historia de amor. Así, lo crea por amor, permaneciendo este amor a lo largo de toda la historia de la salvación. A la infidelidad del pueblo de Israel, Dios responde con el perdón, permitiéndole el regreso del exilio, como aparece en la primera lectura de hoy del libro de las Crónica.  Este amor llega a su culmen en la entrega de su Hijo para que tengamos vida eterna, como indica el evangelio de hoy. Cuando estábamos muertos por el pecado, Dios nos devolvió a la vida por la resurrección de Jesús, como le dice Pablo a los cristianos de Efeso (2ª lectura). Por eso, en nuestro camino cuaresmal, la Palabra de Dios es invitación a creer en el Señor Jesús y a aprender a vivir en el amor del Padre.
     El texto del evangelio de hoy pertenece al encuentro-diálogo de Jesús con Nicodemo, donde se recoge una invitación de Jesús a creer en él para tener vida eterna. Lo central del mensaje del texto lo encontramos en el versículo 16: Dios entregó a su Hijo para que todos hombres y mujeres creados, y los denomina “mundo”, creyendo en él tuvieran vida eterna. Esta entrega es a una muerte de cruz. En el evangelio de Juan, esta cruz tiene un sentido especial, pues la elevación de Jesús en la cruz expresa el triunfo definitivo de Jesús, el momento de su glorificación. Desde ella Jesús da vida eterna a la humanidad, como si de un rey entronizado se tratara. Es, también, la evocación la escena de la serpiente de bronce que Dios mandó hacer a Moisés (Nm 21,4-9): los que miraban a la serpiente elevada en lo alto, sanaban de sus picaduras. La única condición era mirar a la imagen de bronce.
     La voluntad indiscutible de Dios es la salvación de todo el género humano. Y así lo dice en el versículo 17: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él”. La única condición, en este caso, es la fe. Todo pasa por la decisión de cada uno de aceptar o no. Es el ser humano el que ha de juzgar qué prefieren, la vida eterna o la condenación. Cuando nos plantean temas de decisión, parece entramos en crisis , pero es la característica más genuina que Dios nos ha otorgado: la libertad.
    El desenlace y razón de una salvación o condenación va a estar en la apertura a la “luz”. En el versículo 19 se nos indica que la luz ha venido al mundo y ha hecho que se manifiesten dos tipos de personas: las que hacen el mal, porque viven en las tinieblas, no aceptan la luz, y las que actúan conforme a la verdad, la voluntad de Dios, que quieren permanecer en la luz. Con ello, nos viene a decir Juan, fe y vida van unidas inseparablemente. El que cree en Jesús, está inspirado por Dios y vive en la luz. El que no cree, hace lo malo y vive en las tinieblas.
    El evangelio nos indica un camino a seguir en la cuaresma. El domingo pasado nos invitaba a revisar nuestro culto, nuestra relación con Dios, En este nos invita a  analizar nuestra fe en Jesús y nuestro estilo de vida. Nos anuncia la salvación, que para eso ha venido Jesús, pero que esta salvación depende, en cierta manera, de nosotros. Es cuestión de opción: podemos aceptarla y vivir en la luz, o rechazarla y vivir en las tinieblas. Dios nos deja la decisión a nosotros.
    Dios se ha humanizado en Jesús por puro amor al ser humano, porque quiere tanto al mundo que no soportaba más estar lejano, ausente, distante, desconocido. Nosotros, humanizándonos encontramos la luz y amamos la luz. Endiosándonos, encontramos las tinieblas y toda nuestra vida proyecta oscuridad. De nosotros depende, pues una mirada de fe al crucificado nos humaniza e ilumina, proyectando luz sobre el mundo. Sin embargo, cuando sólo nos miramos a nosotros mismos, a nuestros planes personales, aspiraciones y montajes, nos convertimos en personas opacas, incapaces de testimoniar el amor y hacer el bien.

  

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •   La fe es un don y, a la vez, una tarea. Conscientes de esta importancia ¿qué podemos hacer para crecer en nuestra vida de fe?
  • Fe es sinónimo de vida, y transmitirla es dar vida ¿Cómo estoy comprometido con la fe de quienes me rodean?
  • Fe y vida es un binomio inseparable ¿Cómo colaboramos con nuestro estilo de vida a la implantación del Reino de Dios?
















     

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