Solemnidad de Santa María Madre de Dios. 1 de enero Ciclo B: “Lo encontraron acostado en el pesebre” (Lc 2,16-21)
 

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Números 6,22-27

   “El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”     

   Salmo  66
   “Que todos los pueblos conozcan tu salvación”

2ªLectura:  Gálatas 4,4-7

  “Ya no eres siervo sino hijo”

Evangelio:   Lucas 2,16-21
   
 
  “María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”

 

 

PALABRA DE VIDA

     Hoy comienza el año nuevo, en la octava de Navidad, con la fiesta de María, Madre de Dios, y la jornada mundial de oración por la paz. Nuestras calles se visten de fiesta ante lo novedoso, y la Palabra de Dios está en consonancia con ello, pues todas hablan de bendición. Así, la del libro de los Números expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. Para Lucas, la bendición se hace carne con el Nacimiento de Jesús, abriéndonos a la experiencia profunda de María, y a la alegría de los pastores. La bendición, en la segunda lectura, se muestra en el ser hijos, no esclavos, herederos de la casa de Dios.
     Recibamos estas bendiciones como los pastores, glorificando a Dios y contemplemos el Misterio de la Palabra hecha carne, al Hijo de Dios acostado en un pesebre.
     ¿Quiénes son estos pastores a los que el ángel del Señor ha dirigido su mensaje? Siguiendo una tradición antigua se les identifica con los pobres de la tierra, los que viven alejados de los pueblos y no pueden cumplir reglamentos de la ley ceremonial de los judíos. Todas estas notas parecen ser auténticas. Sin embargo, no podemos olvidar que nos hallamos en Belén, ciudad del rey David, que fue pastor, llamado por Dios de entre el rebaño. Tampoco olvidemos a Abraham y los patriarcas, que, siendo pastores, escucharon la llamada de Dios y recibieron su visita. En otros pueblos del oriente antiguo se han contado historias más o menos semejantes. Por todo eso pensamos que los pastores del relato no son simplemente los pobres y alejados, sino también aquéllos que están prontos a escuchar la voz de Dios y a fundar su nuevo pueblo entre los hombres.
     Sea cual fuere su sentido definitivo, lo cierto es que los pastores aceptan la palabra del ángel, se dirigen a observar el signo y encuentran al niño acostado en el pesebre. Hasta aquí todo parece más o menos lógico. Lo verdaderamente extraño es que el signo les convenza, que hagan suyo el evangelio, creyendo que ha nacido el Salvador, y alaban a Dios por todo ello.
     Nosotros, lo mismo que los pastores, nos movemos aquí en el plano de la paradoja fundamental del cristianismo: vemos por un lado a un niño, envuelto en los pañales, indefenso, sencillamente un hombre. O vemos si se quiere a un pretendido profeta del Señor que muere ajusticiado. Tal ha sido el signo, el de Belén o el del Calvario. Pues bien, sobre ese signo se descorre la palabra de la epifanía radical de Dios que anuncia: Os ha nacido el salvador, el Mesías de la esperanza de Israel, el Señor de todo el cosmos. Ante esa paradoja, los pastores han respondido como creyentes. En ellos, que eran quizá los más pequeños de la tierra, ha comenzado a brillar como en Abraham, la nueva luz de la verdad de Dios para los hombres.           

     Ante esa paradoja se nos pide también a nosotros el valor de una respuesta.
Como detalle debemos añadir que en realidad no existe adoración de los pastores (en contra de la adoración de los magos de Mt 2, 11). Su gesto se refleja en estos rasgos:
     a) Encuentran al niño y le aceptan como signo de Dios
     b) Confían en la palabra del ángel, creyendo en su evangelio, nacimiento de un salvador.
     c) Glorifican a Dios.
     La historia ha comenzado en Dios, que les ha puesto en camino hacia el niño del pesebre. Desde el niño, aceptando el evangelio, todo vuelve a conducirles hacia Dios, a quien alaban por su obra salvadora.
     Ante el relato de los pastores, el texto de Lucas nos ofrece dos respuestas. Están a un lado los curiosos, que se admiran por lo extraño del suceso. Está en el otro la figura de María, que conserva todas estas cosas, las medita en su interior y reconoce, empieza ya a reconocer la presencia de Dios en el enigma de su hijo envuelto entre pañales, recostado en un pesebre. También nosotros nos hemos situado ante el relato: ¿Como los pastores y María? ¿Simplemente como curiosos?
     El primer día del año ha empezamos con una gran noticia: Dios nos ha bendecido para siempre en Jesucristo. Tanto en María como en los pastores, tenemos modelos de actitudes, formas de acoger y expresar en la vida la bendición de Dios para que alcance a todo el mundo.




 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • Actitud misionera de los pastores y reflexiva de María ¿son modelos concretos para nuestra vida de fe?
  • ¿A qué nos compromete el pasaje que hemos leído?
  • Los pastores escuchan un canto:”Paz a los hombres que gozan del amor de Dios” ¿Estamos dispuestos a trabajar por un mundo en paz, fruto de la fraternidad universal?

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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