Domingo XXVII del Tiempo Ordinario Ciclo C: “Auméntanos la fe”
(Lc 17,5-10)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Habacuc 1,2-3;2,2-4

  “El justo vivirá por su fidelidad”                   

 Salmo 94
  “Ojalá escuchéis hoy su voz”

2ªLectura:  2 Timoteo 1,6-8.13-14                                    
   “Con la confianza puesta en el poder de Dios”

Evangelio: Lucas 17,5-10
   “Si tuvierais fe, aunque sólo fuera  como un grano de mostaza”














 


 

 

PALABRA DE VIDA

            En el capítulo 17 Lucas reúne una serie de dichos de Jesús sobre la vida de la comunidad. En primer lugar, los discípulos piden un "aumento de fe". Es llamativo y hasta consolador el que duden los discípulos, ya que, según Lucas, esto no les aparta del círculo íntimo de Jesús, ni tampoco, por ser discípulos, se ven preservados o dispensados de la lucha por la fe. Sobre el fondo de la incredulidad general, los discípulos también son conquistados por las tinieblas: no tienen la fe viva que descubriría en todo la presencia del Señor. En parecida situación se encuentra muchas veces el creyente de nuestros días.
            La mostaza es la más pequeña de las semillas; pero luego llega a ser un gran arbustos. Se trata aquí de la primera opción, del primer paso para acercarse al reino. El traslado de las montañas es un tema del AT (cf.Is 49,11;40,4) y describe la supresión escatológica de todos los obstáculos que se oponen al Reino de Dios, aunque aquí convenga interpretarlo mejor como una hipérbole que ilustra no tanto el poder de la fe cuanto el poder de Dios, que se hace ostensible y real en la debilidad confiada de los discípulos. Maravilla del que confía en Dios.
            El contexto, en el que el siervo es verdaderamente útil, muestra lo forzado de la expresión. Pero se aplica bien a los discípulos. No es que Jesús busque una falsa humildad de sus amigos haciéndoles ver que en el reino nadie tiene que considerarse indispensable, sino que, por la gracia de Jesús, porque él quiere que sea así, el creyente entra a formar parte del reino. No hay otros méritos que los de Cristo. La tarea del cristiano es ser consecuente con la fe en Jesús que le capacita para el reino. La fe y el orgullo caminan por senderos distintos.
            Para Jesús la fe es calidad de vida, talante existencial que hace posible lo imposible. Pero este talante puede tener el riesgo del engreimiento. Para contrarrestar este posible riesgo Lucas contrapone a la paradoja inicial un símil tomado del mundo de las relaciones amo-criado. Basándose en las relaciones laborales amo-criado en el medio agrícola palestinense, el símil concluye con la siguiente pregunta retórica: "¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho todo lo mandado?" Esta pregunta formula de manera gráfica el siguiente principio: cumplir con el deber es una obligación, no un derecho. El texto finaliza con la aplicación de este principio al caso concreto de los apóstoles. La aplicación es, por supuesto, gráfica: "somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer". Aun con una fe capaz de hacer posible lo imposible, el creyente no es más, ni más importante, ni tiene derechos especiales; es lo que tiene que ser, creyente.
            Dos actitudes aparecen hoy: la fe y la sencillez. La primera da la medida de lo que el cristiano es; la segunda de cómo se experimenta. En el evangelio de Lucas la fe dice relación al Padre y a su palabra, tal como la proclama Jesús. Entra de lleno en el rico campo de la comunicación interpersonal. Está hecha de apertura al Padre, de sensibilidad para sintonizar con Él, de confianza plena en Él. Para el caminante cristiano, el Padre es un referente esencial de su vida: habla con Él, cuenta con Él, siente con Él. ¿Qué tiene, pues, de extraño que, debido a una relación así, pueda manifestarse la fuerza del Padre a través del creyente? ¿Qué tiene de extraño que a través del creyente acontezcan las cosas más inesperadas? Pero cuando esto sucede, el primer sorprendido es el propio creyente, el cual no capitaliza la eficacia de la fe en beneficio propio. Existe en cada uno de nosotros una tendencia bastante invencible a la autoafirmación, a la importancia, a rentabilizar todo lo que hacemos. La sencillez cristiana es la contrapartida de esta tendencia. Esta sencillez está hecha de capacidad de asombro, de experiencia de gratuidad y de espontaneidad. Hay personas que andan por la vida con el convencimiento consciente o inconsciente de que los demás siempre les deben algo, incluyendo entre los demás a Dios. El caminante cristiano, hace la vida consciente de que es él quien siempre debe algo a los demás, y, por supuesto, al Padre. En esto puede consistir la sencillez cristiana.



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

 

  • “Si tuvierais fe” ¿con qué adjetivos podríamos definir nuestra fe? ¿Débil, auténtica, vacilante?
  • “Auméntanos la fe” ¿Cómo podemos ayudarnos unos a otros para que nuestra fe sea cada día más auténtica?
  • “Hemos hecho todo lo que teníamos que hacer” ¿Se hace realidad en nuestras vidas esta frase del evangelio? ¿Qué n os mueve en nuestro compromiso, ser discípulos de Jesús o el reconocimiento de Dios o de aquellos a quienes ayudamos?








     

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