Domingo XXV Idel Tiempo Ordinario Ciclo C: "Había un pobre llamado Lázaro" (Lucas 16,19-31)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Amós 6,1.4-7

   “¡Ay de los que se sienten seguros!”                   

 Salmo  145
  “Él hace justicia a los oprimidos y da pan a los                    hambrientos”

2ªLectura:  1 Timoteo 6,11-16                                    
   “Practica la honradez, la religiosidad, la fe, el amor”

Evangelio: Lucas 16,19-31
   “Ya recibiste tus bienes durante la vida”













 


 

 

PALABRA DE VIDA

               Las lecturas de este domingo nos ponen en guardia frente a las riquezas, que endurecen el corazón del que las disfruta y le impiden compadecerse de quienes le rodean. El lujo hace olvidar los desastres del pueblo, nos dice el profeta Amós. A la puerta del rico se apaga la vida de Lázaro, nos cuenta el evangelio. Frente a la riqueza despreocupada se nos propone una regla de vida: honradez, religiosidad, fe, amor, paciencia, dulzura, como nos dirá el Apóstol Pablo, además de una confianza en un Dios que sustenta la vida del huérfano y la viuda, nos dirá el salmo.
               Dentro de la perspectiva de camino Lucas vuelve a ofrecernos una parábola de Jesús, contundente en este caso. Buenos conocedores de la Ley y de los Profetas como son los fariseos, éstos deberían saber que aquello que los hombres tienen por más elevado, para Dios es sólo basura (Lc.16,15). Pero parecen desconocerlo, a pesar de que el principio mantiene toda su vigencia, especialmente ahora que el Reino de Dios es una realidad. Para recalcar esa vigencia cuenta Jesús la siguiente parábola: Había una vez un judío rico, que, tras llevar una vida regalada, vivía atormentado en el infierno. En este punto de la parábola Jesús se sirve de los mismos espacios figurativos con que sus interlocutores fariseos concebían el más allá de la muerte. Estos espacios eran el seol o infierno como lugar de tormento y el seno de Abrahán como lugar de dicha. Seno de Abrahán es en realidad una imagen que designa el puesto de honor en un banquete, es decir, el puesto a la derecha del anfitrión. Por no estar los comensales sentados, sino reclinados o tumbados, el comensal contiguo a otro daba la impresión de estar recostados, de tener apoyada su cabeza en el regazo del otro.
               En medio de sus tormentos, el judío rico reconoció a un judío pobre, a quien tenía visto mendigar junto a su mesa en infinidad de ocasiones. El pobre ocupaba ahora el puesto de honor junto a Abrahán, el padre de todos los judíos. La situación del rico y del pobre es ahora exactamente la inversa a la descrita al comienzo de la parábola. Es todo un golpe de escena, sobre todo teniendo en cuenta que ni el rico ni el pobre habían sido presentados ni enjuiciados moralmente; simplemente habían sido presentados como rico y pobre.
               El rico se dirigió a Abrahán solicitando la presencia benéfica del pobre, a lo que Abrahán respondió invitando a su hijo al recuerdo del pasado, para añadir después: Ahora, en cambio, él encuentra aquí consuelo y a ti te toca sufrir. En este punto de la parábola se hace imprescindible una observación sobre la traducción de estas palabras de Abrahán. Según la traducción aquí propuesta, Abrahán constata y sanciona el cambio de situación descrito con anterioridad, sin atribuir a las situaciones anterior y posterior a la muerte una relación de causa a efecto. La traducción litúrgica, en cambio, opera con esa relación: Tu recibiste bienes y Lázaro males: por eso él encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. El problema está en el "por eso", que no aparece para nada en el texto griego. La traducción litúrgica presupone un esquema de retribución allí donde el original sólo presenta una contraposición. La parábola no habla para nada de una compensación a Lázaro por haber sido antes pobre, ni de un castigo al rico por haberlo sido con anterioridad. La parábola invierte situaciones sin más, empleando la misma técnica de contraste que ya conocemos por otros textos, p.ej. en el caso de Marta y María. Una inversión que, por lo inesperada e hiriente, tiene como función exclusiva el llamar poderosamente la atención y dejar pensativo al oyente, hasta el punto de hacerle exclamar: ¡Ojo con la riqueza! ¡Atención con el dinero! ¡Es un arma peligrosísima! El rico, en efecto, se hizo esta reflexión y pidió a Abrahán el favor de enviar a Lázaro a sus hermanos que todavía vivían en la tierra, en el convencimiento de que la presencia de un muerto les haría reflexionar. Abrahán no se lo concedió, alegando que es suficiente con prestar oídos a lo que dicen la Ley y los Profetas.
               La parábola termina así, remitiendo a los fariseos a la Ley y a los Profetas, es decir, a lo que ellos tan bien conocen. Ellos siguen siendo el hijo mayor de hace dos domingos. A poco que nos fijemos, caeremos en la cuenta de que, refiriéndose al rico, Abrahán emplea el apelativo hijo; el mismo que empleaba el Padre hace dos domingos refiriéndose a su hijo mayor. De nuevo nos hallamos ante una parábola abierta, es decir, una parábola cuyo final no se encuentra en ella misma, sino que queda en manos de los oyentes.
              Jesús con la enseñanza de esta parábola está criticando y condenando el orden injusto social que unos cuantos han declarado como orden querido por Dios. Por eso afirma enérgicamente que el poder de la avaricia y el egoísmo llevado a categoría divina, ciega tanto a hombres y mujeres, que hasta un muerto resucitado seria desoído si se le ocurriese llamar la atención sobre el peligro de deshumanización que acarrea dicha conducta.



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • El evangelio nos presenta, una vez más, a Dios del lado de los pobres. ¿Qué aporta a mi fe este misericordioso Dios?
  • “Si no escuchan a Moisés y los profetas…” ¿Qué papel juega la Palabra de Dios en mi vida de creyente? ¿Cómo está presente en mi constante actitud de conversión?
  • Vivimos en una sociedad de consumo, del bienestar, viviendo como amigos del dinero sin tener en cuenta las necesidades de los demás. El evangelio, de nuevo, va a contracorriente ¿A qué n os compromete el pasaje que hemos leído hoy?










     

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