Domingo XXIV del Tiempo Ordinario Ciclo C: ¡Alegraos conmigo!
(Lc 15,1-10)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Éxodo 32,7-11.13-14
   “Muy pronto se han apartado del camino que les señalé”                  

 Salmo  50
  “No me arrojes de tu presencia”

2ªLectura:  1 Timoteo 1,12-17                                     
   “Dios me ha tratado con misericordia”

Evangelio: Lucas 15,1-10
  “¡Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!”












 


 

 

PALABRA DE VIDA

               El capítulo 15 de san Lucas ha sido llamado "el corazón del evangelio". Nos transmite unas parábolas muy características, las de la misericordia: hoy leemos la de la oveja descarriada y la de la moneda perdida. La del hijo pródigo, la más famosa, la leemos en Cuaresma.
               La ocasión se la brindan a Jesús los fariseos y los letrados, que murmuraban porque él acogía a los publicanos y pecadores y comía con ellos. La lección, por tanto, va para estas personas que no tienen misericordia. Lo contrario de Jesús, y de Dios, que sienten gran alegría cuando la oveja que se había descarriado vuelve al redil y cuando la moneda que se había perdido, ha sido recuperada.
               Son hermosas las imágenes del pastor que, lleno de alegría, se carga sobre los hombros a la oveja perdida, y la de la mujer que reúne a sus vecinas para comunicarles su alegría por la moneda encontrada. Así es la alegría de Dios de "los ángeles de Dios"- "por un solo pecador que se convierta".
               Dios es rico en misericordia. Su corazón está lleno de comprensión y clemencia. A pesar de que nosotros, a veces, nos alejemos de él, nos busca hasta encontrarnos y se alegra aún más que el pastor por la oveja y la mujer por la moneda. Esta misericordia la emplea, ante todo, con nosotros mismos, que también tenemos nuestros momentos de alejamiento y despiste. Y también con todos los demás pecadores.La Virgen María, en su Magníficat, cantaba a Dios porque "acogió a Israel su siervo acordándose de su misericordia". Si al pueblo elegido de Israel le tuvo que perdonar, también a nosotros, que no somos mucho mejores.
              La lección se orienta a nuestra actitud con los demás, cuando fallan. Sería una pena que estuviéramos retratados en los fariseos que murmuran por el perdón que Dios da a los pecadores, o en la figura del hermano mayor del hijo pródigo que no quería participar en la fiesta que el padre organizó por la vuelta del hermano pequeño. ¿Tenemos corazón mezquino o corazón de buen pastor?
                    Las parábolas nos las narra Jesús para que aprendamos a imitar la actitud de ese Dios que busca a los que han fallado, uno por uno, que les hace fácil el camino de vuelta, que les acoge, que se alegra y hace fiesta cuando se convierten. ¿Acogemos nosotros así a los demás cuando han fallado y se arrepienten? ¿qué cara les ponemos? ¿quisiéramos que recibieran un castigo ejemplar? ¿les echamos en cara su fallo una y otra vez? ¿les damos margen para la rehabilitación, como Jesús a Pedro después de su grave fallo?
                  Si somos tolerantes y sabemos perdonar con elegancia, entonces sí nos podemos llamar discípulos de Jesús. La imagen de Jesús como Buen Pastor que carga sobre sus hombros a la oveja descarriada, debería ser una de nuestras preferidas: nos enseña a ser buenos pastores y a no comportarnos como los fariseos puritanos que se creen justos, sino como seguidores de Jesús, que no vino a condenar sino a perdonar y a salvar.
               El gozo de encontrar “la oveja perdida” es una experiencia que necesitamos los cristianos para imaginar la “alegría del cielo”. Y parece que sólo se consigue al estilo de Jesús, que “acoge a los pecadores y come con ellos”. Siempre es más fácil comer con quienes entienden nuestra jerga y responden a nuestros ideales y expectativas. Siempre es más fácil acoger a quienes pueden recompensarnos y no nos complican la existencia. Pero el talante de Jesús va más allá. Él arriesga más. Y es que si no arriesgamos evangélicamente, no encontraremos la verdadera alegría, sentiremos que unos días somos de “primera” y otros de “segunda” y no tendremos vida.


 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •  Se  os ha presentado en el evangelio al Dios de la misericordia ¿Cómo te invita esta presentación a relacionarte con él?
  • La intransigencia de los fariseos y maestros de la ley contrasta con la actitud ¿Quiénes son los que están perdidos en nuestro ambiente? ¿Qué comportamiento debemos seguir con ellos?
  • Dios no nos abandona a nuestra suerte. No quiere que ni uno se pierda ¿Qué sentimos al comprender esta “responsabilidad cariñosa” de Dios por cada uno de nosotros? Es nuestro encuentro con el Señor fuente de alegría?









     

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