Domingo XXIII del Tiempo Ordinario Ciclo C: "Si alguno quiere venir conmigo"
(Lc 14,25-33)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:   Sabiduría 9,13-18
   “¿Quién puede conocer los designios de Dios?”                 

 Salmo  89
  “Que adquiramos un corazón sabio”

2ªLectura:  Filemón 9,10.12-17                                      
   “Recibe a Onésimo como a un hermano”

Evangelio: Lucas 14, 25-35
  “El que no viene detrás de mí no puede ser discípulo mío”











 


 

 

PALABRA DE VIDA

             
              



          
   

        
               No es fácil conocer los designios de Dios, quien nos manda acoger al esclavo como hermano querido o renunciar a todo para identificar la propia vida con la de Jesús. Todo ello nos desconcierta, por eso necesitamos que la sabiduría de Dios haga nacer en nosotros un corazón sabio, como nos ha dicho el salmo, con la sabiduría que da el hacer de Dios nuestro único refugio.
           Una vez más aparece explícita la perspectiva del camino. Un camino que Lucas concibe como reproducción del de Jesús, que es quien va delante marcándolo. Hacer este camino es ser discípulo de Jesús. Nos hallamos efectivamente ante un texto en el evangelista recoge tres condiciones para ser discípulo de Jesús.
             En la formulación de las mismas nos encontramos de nuevo con el lenguaje desconcertante y agresivo, hiriente incluso, de Jesús. Son formulaciones de choque, necesarias en una cultura cuyo vehículo prácticamente exclusivo de enseñanza era la palabra hablada. ¿Qué mejor forma de facilitar la memorización que la frase contundente e hiriente? "El que no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, a su propia vida, no puede ser discípulo mío". La traducción litúrgica ha tenido miedo y en vez de odiar ha traducido posponer. No cabe duda que una frase como ésta tenía garantizada la memorización por lo monstruoso de su formulación. Pero una formulación así no era un fin sino un medio didáctico para conseguir un fin, que no es otro que el de dar vueltas y vueltas a la frase hasta dar con su sentido. Y este sentido no es el de una renuncia voluntaria a los vínculos afectivos de la familia, como ha escrito un comentarista reciente. Lo que Jesús pide al discípulo no es romper con la familia lo que le pide es una disponibilidad total y absoluta. Jesús enuncia incisivamente el principio de la disponibilidad, dejando para sus oyentes la especificación concreta de las consecuencias.
               "El que no lleva su propia cruz no puede ser discípulo mío". Como formulación no se trata de ninguna metáfora. La crucifixión era la pena de muerte en la Palestina dominada por Roma. Jesús habla del riesgo de su camino e invita al discípulo a correr ese riesgo. "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". El adiós a los bienes, a todos los bienes. Una frase así se le queda grabada a cualquiera La formulación es de nuevo realista e hiriente. ¿Qué pasaría si el dinero dejara de ser el móvil de la actuación humana? Pues esto es ni más ni menos lo que Jesús pide con esta frase. Una vez más nos hallamos ante un enunciado incisivo, que deja a los oyentes la especificación concreta de las consecuencias.
               En estas condiciones no cabe duda que ser discípulo de Jesús no es un camino fácil. Nos lo recuerda Lucas cuando introduce en el texto la parábola de un particular que quiere construir una fortificación para proteger sus tierras y la parábola de un rey que va a emprender una guerra. La fortificación a construir es cara; la guerra a emprender, desigual (un ejército de diez mil contra uno que dobla sus efectivos). Es decir, en ambos casos se trata de empresas difíciles y problemáticas y que, por ello mismo, no se pueden afrontar a la ligera. Ser discípulo de Jesús es también una empresa difícil, que tampoco se puede afrontar a la ligera.
               Bajo la forma de condiciones del caminar cristiano lo que en realidad sigue ofreciéndonos Lucas son nuevos rasgos de ese caminar. Estos nuevos rasgos son tres: absoluta disponibilidad, riesgo de muerte, el dinero no es ya la razón de ser y de actuar. La sola enumeración deja entrever su dificultad. Como ya veíamos el domingo pasado, esta dificultad no es de orden extrínseco sino intrínseco. Los rasgos de hoy apuntan hacia tendencias muy arraigadas en la psicología de la persona. El mínimo esfuerzo y el repliegue en uno mismo, el instinto de vivir, la seguridad del dinero: tres tendencias que parecen muy naturales a los hombres de todos los tiempos, y a los de hoy de manera especial.
               De esto se concluye que el ser cristiano no se ventila en el orden de la moralidad sino en el de las estructuras personales. Estamos demasiado habituados a pensar que ser cristiano es cumplir los mandamientos, cuando este cumplimiento es en realidad tarea común del cristiano y del que no lo es. Ser cristiano presupone, por supuesto, ese cumplimiento; pero no se agota en él ni mucho menos se especifica por él. Ser cristiano es una forma diferente de ser persona, una forma que se ventila en el profundo e invisible ámbito de las estructuras psicológicas, tales como la necesidad de repliegue, el instinto de vivir y la seguridad.
               Jesús deja las cosas claras en el camino que lleva a Jerusalén, de modo que ya nadie puede llamarse a engaño en cuestiones de seguimiento. Son palabras dirigidas a nosotros hoy, palabras difíciles, por eso le pedimos su Espíritu, para que remodele nuestra vida.



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •  En el camino del discipulado, Jesús es lo más importante; ¿estoy enfocando así mi relación con él?
  • ¿Me he sentado alguna vez a reflexionar con seriedad sobre lo que implica ser discípulo de Jesús, o vivo mi fe “a la ligera”?
  • ¿Qué comodidades hemos dejado para seguir a Jesús? ¿Cómo nos estimula esta certeza a dejar todo lo que no está en consonancia con Jesús y con el Reino para vivir con mayor esperanza y alegría?









     

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